74 o Los galimatías de un censo o Caldo de pollo para el INEGI

29 07 2007

Antes de continuar, pido una atenta disculpa a los lectores de este espacio por el breve receso de verano que se tomó este blog. Sí, ya se que debí escribir algo sobre el estrepitoso ¿fracaso? de la decepción nacional, la misma que se anunciaba sería tan peligrosa como los piratas del Caribe o los caballeros aztecas, ¿o por qué no ya entrados en gastos hablar del “coopelas o cuello” de Zhenli Ye Gon?.

Ahora el asunto que me ocupa en lo personal, y del que he decidido sacar varias reflexiones es sobre mi reciente incursión en el mundo laboral en un programa de INEGI conocido como el Censo Agropecuario; Sin duda muchos de nosotros habremos sido partícipes de los programas de esta institución, pero ahora con una pequeña diferencia: los datos ahora se comenzaron a recabar con una PDA. Y aquí es donde entro en escena.

Primero que nada, dentro de mis funciones como técnico informático municipal (título bastante macarrónico si consideramos que el reino de los bytes no es de este mundo) estaba el impartir una breve capacitación sobre el aparato de marras a las personas encargadas de levantar la información. Cabe señalar que el censo consta de dos etapas: una donde se recaban los datos del universo de trabajo (enumeración), concluida recientemente, y la segunda, que empieza en octubre, que es el censo estrictamente hablando.

Como era de esperarse, hubo de todo. Personas con vasta experiencia en estos menesteres pero que no pudieron con la PDA ni en tiempos extras, benjamines recién curtidos en las tareas de campo y de ciudad, que hicieron bien su trabajo con la misma, y por supuesto, interminables zacapelas entre su servidor y los educandos al respecto. Esta situación me hizo pensar: ¿de verdad el hombre podrá adaptarse por completo a la tecnología como herramienta cotidiana de trabajo? (que no de ocio)

Por supuesto, esta situación provocó que no todo saliera como se había esperado. Entre las imprecisiones cometidas producto de los atavismos respecto al aparato y la necedad de quienes porfiaban en inventar de nuevo el agua tibia, el resultado fue un pastiche de números que unos y otros trataban de cuadrar de la manera más coherente posible; ¿Resultado? Una pequeña zacapela de un servidor con alguien que no se había tomado la molestia de leer una nota incrustada en un archivo que le mandé al respecto. No hard feelings. (Ugalde dixit)

Para concluir este post que debió de salir hace una semana, y que circunstancias ajenas a su servidor han retrasado su salida hasta el día de hoy, quiero ¿presumir? que me ratificaron en el programa (el contrato se me vencía el martes), y, por si fuera poco, vamos a tener que lidiar de nuevo con la PDA para la segunda etapa del proceso. Así que aun queda tela de donde cortar. Por lo pronto, me despido con la siguiente cita de un servidor. Y espero no atrasarme más con el blog.

¿Saben qué?- dije en una ocasión- creo que de todo esto voy a hacer un libro. Y ya tengo el título: Caldo de pollo para el INEGI.

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73 o ¿Qué es la tecnología?

8 07 2007

En meses pasados, hablaba de la necesidad de impulsar en los profesionales de la informática una nueva cultura respecto a la tecnología y sus implicaciones en el quehacer cotidiano de la humanidad. El presente post retoma esta idea y además, dicho sea de paso, abre el ciclo para Deus ex machina, otro de los proyectos quijotescos del autor.

¿A partir de qué momento el hombre descubrió en sí mismo la capacidad de transformar su entorno? Si nos remitimos al punto de vista meramente antropológico, el círculo vicioso que empezó desde las primeras evidencias de escritura, y continua hasta hoy día con Internet y las nuevas posibilidades que se abren, empezó a formarse a partir del momento en que entra en escena la capacidad de raciocinio del homo sapiens y sus antecesores. A raíz de la misma, pudieron echar raíces diversos conocimientos que formaron el caldo de cultivo de lo que actualmente conocemos como ciencia, cuya aplicación inmediata permitió el surgimiento de ideas, creencias, objetos, idiosincrasias, metodologías… y tecnología.

Actualmente la palabra tecnología suele remitirnos erróneamente a objetos pequeños, de gran capacidad de “memoria” y asequibles a casi cualquier bolsillo clasemediero. La gama es tan amplia como hablar de teléfonos celulares, computadoras, reproductores de música, computadorcitas y computadorsotas, para todos los gustos, colores y sabores. Sin embargo casi siempre se pasa por alto que estos productos son consecuencia directa del círculo vicioso que empezó el día en que alguien tomó un trozo de carbón o machacó vegetales diversos para plasmar en piedra como pudo cazar una bestia para darle de comer a su familia o a sí mismo. Dicho círculo incluyó, además, episodios tan trascendentales como la revolución industrial o el abaratamiento de la tecnología para las grandes masas, o tan funestos como el uso de la tecnología y las masas para la muerte y la destrucción por medio del belicismo usado como satisfactor de unos cuantos bolsillos.

Hoy día, es evidente que la tecnología está jugando un papel preponderante en la sociedad; sólo hablar del hecho de que la misma permite el libre intercambio de ideas, pensamientos y expresiones entre personas o naciones, nos remite inmediatamente a creer ésta afirmación. Sin embargo, se ha tomado la tendencia de creer que la tecnología debe considerarse como un fin para lograr el medio y no a la inversa. Una computadora o una calculadora no poseen capacidad de raciocinio. El raciocinio, inevitablemente, va de la mano del ser humano en turno que la manipule. Punto.

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72 o INRI

1 07 2007

Tómese como ficción, y si se puede, acompáñelo con leche.

-Algún día- pensaba él encerrado en su celda de 4 veces 4, que en su justa dimensión no son necesariamente diez y seis- Algún día saldré y los derrotaré, fariseos de pacotilla- gritó después, ante la mirada atónita de los encargados de aquel monástico lugar, regenteado, valga la ironía, por médicos y enfermeros egresados de la facultad de medicina de la universidad marista de la ciudad. Y digo ironía si consideramos que él, al que tenían encerrado y diagnosticado como loco, era el mismísimo Jesucristo en persona.

Pero no imaginemos a nuestro nazareno con cabello largo, mirada profunda y barbado. Este Jesús era un hombre moreno, como de unos sesenta años aproximadamente, cabello cano, 1.65 de estatura, 53 kilogramos de peso, y tan magro que daría envidia a la más reputada modelo profesional. Esto según datos del sanatorio de marras donde estaba, ni más ni menos, que Jesús de Nazaret en persona. La ironía era mayor, si consideramos que, por órdenes de alguien de “arriba”, Jesús debía morir.

-Levántate, carajo- ordenaba uno de los tozudos enfermeros al esperpento que, asustado, seguía defendiendo su divina providencia al grito de “¡No me maten! ¡Soy el Mesías!”. Sin hacer caso a sus gritos, el desdichado hombre fue sacado casi a rastras hasta el patio del sanatorio, de donde fue conducido hasta una destartalada ambulancia. En el camino, oh coincidencia, se detuvo ni más ni menos que tres veces, si nos remitimos a la tradición bíblica que da fe de los hechos que protagonizara este personaje hace poco más de dos mil años.

Dos horas más tarde, la ambulancia atravesaba un tortuoso camino que conduciría, kilómetros más tarde, a un cerro semidesnudo. El Gólgota perfecto. A nuestro Cristo no lo azotaron ni le pusieron una corona de espinas ni le atravesaron con una lanza su costado, reiterando lo dicho por los sagrados textos. Sólo se limitaron a bajarlo a empellones al suelo. Apuntándole con una pistola calibre 33, el conductor de la ambulancia sólo dijo:

– Perdóname, padre mío, sólo quiero evitarte el escarnio. Sé que tú eres Jesús. Lo supe desde el momento en que comencé a tratarte, cuando me decías que no eras hijo de Dios, sino alguien, simplemente alguien que lo adoptó del antiguo testamento para hacer más valedero su mensaje.

– Contra todo lo que tenían en su momento los fariseos, que eran a su vez la autoridad, que lavaban en aguas de hipocresía su rectitud- respondió el hombre. ¿Vas a matarme aunque crees en mí?

El conductor de la ambulancia soltó en ese momento la pistola, que hizo un ruido seco cuando se estrelló contra el suelo. No tenía el estomago suficiente para acabar con la vida del hombre que, en cierta manera, le había cambiado la vida; pero para su sorpresa, el nazareno tomó el arma y apuntándola hacia la sien dijo:

– Hijo, tú sabes según la Biblia que yo morí para expiar los pecados de la humanidad. No fue así. Le quise dar una lección a esos fariseos, a los que ahora me adoran a pesar de que bajo el escudo de mi padre adoptivo toleran la pederastia y la corrupción, la traición y la deshonra, la doble moral y la impunidad. Muero porque me doy cuenta de que han pasado dos mil años y todo sigue igual que siempre.

– Pero, Padre- si tal titulo tiene cabida en este apartado- tú sabes que esto es posible. Podemos cambiar esta realidad. He cambiado de opinión, no debes morir. Nos eres tan indispensable para ello- comenzó a gimotear. Por favor, Jesús, no dispares.

– No te preocupes, hijo mío. Recuerda que todo lo que te dije fue para que difundieras la palabra; para mi fuiste como una especie de apóstol. ¿Recuerdas aquellas noches en las que te enseñé todo lo que sabes? Ahora delego la responsabilidad en ti. Por mi parte, creo que ya no soy tan indispensable e hice todo lo que tenía que hacer: depositar la semilla en ti. He perdido. Kaput.

Dicho esto tiró del gatillo.

Días después, despertaba bañado en sudor. Por un momento creí soñar que tenía una conversación con el mismísimo Jesucristo, que era un anciano de sesenta años que estaba internado en un manicomio por creerse el Mesías Salvador. Que él me enseñaba una versión alternativa de lo que eran las enseñanzas de la Biblia, que me recalcaba que debíamos de amarnos los unos a los otros, que teníamos que acabar con la hipocresía predominante, que su imagen y semejanza era mucho más que un retablo de alguien crucificado en tiempos de Poncio Pilatos, que él era enseñanza, determinación, voluntad, espíritu, unidad. Que alguien me había ordenado abandonarlo en campo abierto para acabar con su vida, cosa que finalmente no hice, pero a final de cuentas, él, creyéndose derrotado, acabo suicidándose. ¡Por favor, si ni siquiera voy a misa!- reí.

La prensa amarilla y de todos colores rezaba, literalmente rezaba: “Cristo estuvo entre nosotros y lo dejamos escapar”. Mientras tanto, afuera una ambulancia propiedad del sanatorio San Vicente de Paul me aguardaba a la puerta. Yo tintineaba las llaves en mi mano. Hay que atender al anciano de la habitación 77, el de 1.65 m, el mismo que se cree el nazareno.

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71 o Las historias mes de junio

19 06 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

– Les dije, amigos míos, que algún día ibamos a salir de este desierto…
– Sí, lástima que nosotros ya no estemos caminando sobre él.
– Quizás nadie nos encontró porque no dejamos huellas sobre la arena.

Y en eso grito: – ¡Socorro! ¡Fantasmas!

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70 o Tan cerca del fútbol y tan lejos de la ciencia

14 06 2007

Uno de los grandes problemas que ha enfrentado durante mucho tiempo el país ha sido la casi nula difusión que se le ha dado a la actividad científica y tecnológica, relegándose dicha difusión al ámbito especializado en la misma. La niña Carolina Aranda Cruz, de 10 años, hizo hincapié en esto en un discurso durante el Congreso Mexicano de Pediatría la semana pasada, cuyo punto medular da nombre a este post. ¿Realmente hay que sacrificar el raciocinio en aras de mantener un modelo económico y social inmerso en la enajenación del hombre de a pie? En el papel no debería ser así, pero los hechos muestran lo contrario.

 A pesar del cacareo constante de que somos un país en vías de desarrollo en los estadios político, económico y social a nivel mundial, México tiene un grave problema: no sabemos pensar. Y no me refiero a pensar como un mero acto fisiológico de poner a trabajar nuestro tálamo como hacemos cotidianamente, sino a impulsar este acto como un estilo de vida, que haga posible superar nuestros atavismos que tenemos como seres humanos, y derrotar los obstáculos que suelen nublarnos la vista en aras de un futuro mejor. Sin embargo, por naturaleza meramente humana, nos hemos acostumbrado a llevar en práctica la ley del menor esfuerzo y hemos dejado esta actividad en manos de “inadaptados sociales”.

 La cuestión es simple: ¿Qué es más atractivo para un niño (y una persona adulta, inclusive) promedio, leer líneas empalmadas entre sí o ver un libro o un programa de televisión donde el elemento preponderante son los colores y los dibujos? Se apuesta más por la forma que por el fondo, pues. Por ende, al hacer al ser humano excesivamente dependiente de quedarse sólo con la cáscara de la manzana (es decir, con una vaga idea sobre lo que pudiera ser el corazón de la misma), ¿Cuál es el resultado? Nos convertimos más susceptibles en recibir tanto información y conocimiento adecuado como ser cómplices involuntarios de las mayores banalidades.

 Preferimos, por decir algo, leer el TV Notas, el libro Vaquero o alguna otra obra del legado cultural del new age que conocer más sobre el entorno que nos rodea con fuentes reales y acreditadas, y tan alcance de la mano como Wikipedia o la biblioteca más cercana a nuestro domicilio. Nos regocijamos con melodramas sobre los problemas de los ricos sufridos por los pobres (como debe de ser la buena televisión mexicana), pero el ballet o la opera nos parecen dignos de afeminados o mariquitas. Le creemos más a Carlos Trejo o a la mano peluda que a los verdaderos científicos que ponen a México más en alto que una selección nacional que va a “la conquista de América” o una golfista inflada por la mercadotecnia propia de su deporte. Recurrimos constantemente al placebo mágico de la adivinación y la charlatanería barata, y decimos de las personas que practican el verdadero raciocinio que son unos “locos” e “inadaptados sociales”, sean matemáticos, científicos o filósofos. Un excelente artículo de Samuel Martínez, publicado en mediotiempo.com (irónicamente, página futbolera por antonomasia) también hace hincapié al respecto.

 El problema en sí, cabe destacar, no se trata a mi juicio de que se le de más ponderación en los grandes medios de comunicación al fútbol o a la ciencia en específico, sino que los gobiernos que han pasado por este México “tan cerca del fútbol y tan lejos de la ciencia”-citando de nuevo a Carolina- no se han preocupado de fomentar una cultura racional entre la población. Quizás un vago intento de ello fue el famoso “Alfabeto, pan y jabón” de José Vasconcelos en los años mozos de la Revolución Mexicana, o las capsulas de Cantinflas hablando sobre temas de ciencia más recientemente, pero ahora ni eso. Los dueños del capital económico y político se curan en salud regalando libros, bibliotecas chatarra o computadoras gracias a loas deportivas como puede ser anotar un gol o llegar primero en una caminata de 10 kilómetros, o poniendo frasecitas tan bienintencionadas como cursis en horario triple A, pero que para la gente promedio no significan más que un puñado de letras perdidas en medio del espectro electromagnético.

 UPDATE:

Recomiendo, además, la lectura del artículo de René Drucker en La Jornada sobre este mismo tema.

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69 o Cuando no hay Dios

8 06 2007

No voy a hablar, como parece indicar el título de este post, sobre la existencia o no de un ente superior, puesto que sería tanto como tapar el sol con un dedo (además de la discusión ad infinitum al respecto) Simplemente es un hoax para subir las consultas en Google, Ja. Gracias por su atención.

-“Pobreza, obediencia y castidad,
Es necesario cumplir,
A no ser que seas papa o seas rey,
Obispo, o del Opus Dei”

-Mago de Oz, En nombre de Dios.

 En lo personal, como la mayoría de los mexicanos (un 90% para ser exactos), fui criado en un ambiente católico. Familiares, amigos y compañeros de escuela a lo largo de mi vida conocí que profesaban esta religión. Asimismo, tuve la oportunidad de estar dos años en un colegio administrado por religiosas; a partir de ahí, y gracias a mis inquietudes de adolescente, pude comprobar que lamentablemente no todo es miel sobre hojuelas en estos menesteres.

 Me explico: la religión en general vende la idea de que un personaje, llámese Cristo Jesús, Mahoma, Zaratustra, Buda o Juan Charrasqueado, nació, creció, vivió y murió por nosotros; así, a lo largo de su vida estos señores trazaron un ideario o un código de conducta que debemos de seguir para garantizarnos a nosotros mismos una existencia más llevadera, aunque sea después de estar tres metros bajo tierra en muchos casos. ¿Pero en realidad qué es lo que ocurre? Tienen que pasar tres o cuatro siglos de la muerte de estos señores para que su ideario llegue a institucionalizarse como religión, y posteriormente, como un dogma, por lo regular salido de la cabeza de algún clérigo estudioso o un villamelón al servicio del poder político en turno. Chorrocientos mil siglos más tarde, aparecen otros eruditos y elaboran versiones corregidas, aumentadas o disminuidas del dogma en cuestión, y así hasta el infinito (pregunte por el limbo al púlpito virtual más cercano a su casa, diría Monsivais).

 Dadas las circunstancias, no hallé más que comenzarme a preguntar: Ah, chirrión, ¿y cómo es que en los textos católicos (en este caso específico) se dice una cosa cuando en los hechos se proclama otra totalmente distinta? ¿Por qué si el catolicismo es la religión verdadera por consenso de la mayoría si hay cristianos, testigos de Jehová o musulmanes que siguen una línea ligeramente “desviada” del catolicismo y aun así son felices? ¿Por qué y como ocurre esto? Debo confesar, que en lo personal, esta y muchas incógnitas al respecto aún quedan sin resolver.

 Y ojo, estimado lector, la crítica no es hacia la idea de Dios (que es tan necesaria como certeza o como duda en el ser humano) sino en el como se ha manejado la idea del mismo como justificación de intereses que nada tienen que ver con el beneficio común de los creyentes. Y para muestra hay muchos botones: la Inquisición, la intolerancia religiosa, la matanza de los hugonotes en el siglo XVII, las intifadas contra la comunidad judía, la actitud timorata del Vaticano ante la pederastia, la homofobia o el empobrecimiento de las masas.

 Reitero, no estoy tratando de convencer a nadie que deje de creer ni propongo echar a priori en saco roto nuestra imagen de Dios. Simplemente creo que es nuestro deber, seamos creyentes o no, el ser más autocríticos respecto a las “verdades sagradas” que se nos imponen como norma de vida. Así como tenemos la certeza y la voluntad de señalar las bondades de pertenecer a una religión, partido político, club de fútbol o alguna otra instancia similar, también hay que tener el valor para decir cuando la máquina amenaza con descarrilarse.

 Ayer que fue día de Corpus Christi, millones de mexicanos salieron a las calles a festejar a Cristo, adoraron santísimos, se vistieron de santos, oyeron catatónicas misas, entre otros aspavientos propios de la fecha. Todo volvió a la normalidad, nos quitamos nuestra máscara de católicos y a seguir sin cuestionar nuestra tradición, voluntaria o no, de ser incongruente con nosotros mismos, como todos los días. Si a máscaras vamos, hay que ponernos una que no se cae ni con toda el agua de los mares: la del raciocinio.

 Update ególatra: 69 posts, y ya voy por las 2500 visitas. Arriba y adelante.

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68 (o Tratado sobre las gorditas y la informática)

3 06 2007

Contrario a lo que pudiera parecer, esto no es un ensayo sobre como la computación puede hacernos bajar de peso. De manera inversa a lo explicado anteriormente en otro post, a veces el ser humano promedio tiende a fiarse demasiado de los avances tecnológicos, cayendo víctima de sucesos indeseables, a menudo causados por los mismos factores que están detrás de los que hacen uso de la tecnología: los originados por nosotros mismos. Sirva esto como ejemplo.

 En estos días de (casi) nula actividad bloguera, en una ocasión estaba comprando algunas cosas en una plaza comercial cuyo logotipo es algo así como una S estilizada, cuando mi instinto omnívoro me jugó una mala pasada: por falta de tiempo y exceso de hambre, recurrí a consumir algo de la fast food que suelen vender en estos tugurios, por lo que dirigí mi humanidad a un negocio de gorditas. Al momento de ordenar y hacerme entrega del respectivo ticket para reclamar mi pedido, pude darme cuenta que en el mismo decía: “Para comer aquí”, siendo que había pedido la orden para engullirla en el solitario voyeurismo de mi casa. Para fortuna de la franquicia de las Gorditas Doña Tota (¡damn! Publicidad involuntaria), me fue entregado en tiempo y forma, si es que puede llamársele así a diez minutos de espera y a un recipiente de plástico con cinco gorditas de ¿picadillo? dentro del mismo, mi respectiva orden, tal como la había solicitado: para llevar. El instinto humano de retención verbal había salvado el día.

 Tiempo después, recordé este incidente y me puse a pensar: Bueno, ¿y si el ser humano dependiera total y ciegamente de lo que dice una computadora? Muchas veces, nos asombramos tanto ante los avances tecnológicos que, voluntaria o involuntariamente, pero sobre todo de manera errónea, hacemos que nuestra vida dependa de ellos. No podemos vivir sin PCs de bolsillo, celulares, ipods, entre otras chácharas (aparatejos, parafraseando a mi jefe).

Muchas veces no nos detenemos a pensar, como usuarios comunes y corrientes de esta serie de innovaciones, que estos aparatos deben moldearse a nosotros como sus manipuladores y no a la inversa. El resultado correcto de una suma de 2+2 hecha en una hoja de papel estraza o el hecho de que cuadre el presupuesto asignado al estado de Baja California Sur durante todo un año en los reportes generados por una macrocomputadora, no es parte más que de la aplicación de procesos mentales que hacen que esto sea posible. Ahora bien, si trasladamos esta premisa a otros casos más complejos, estos mismos procesos hacen también posible que podamos escuchar la música de nuestros Ipods o ver los videos de Youtube en nuestra PC. Y voy más lejos, al afirmar que esta regla es válida para cualquier otro aspecto de nuestra vida diaria. Simple y sencillamente.

 Aunque suene como una verdad de Perogrullo, también cabe destacar que es la manera  como llevamos a cabo estos procesos la que determina si el resultado es el deseado o hemos cometido algún error, cuyas consecuencias pueden ir desde una reprimenda verbal por el cliente del puesto de gorditas hasta el fin de la humanidad (quizás suene como al efecto mariposa), pero para explicarlo pongo otro ejemplo: Anteayer platicaba con una persona de la sede nacional de INEGI, y se me ocurrió preguntarle como se procesaban los datos de los diferentes censos. Comenzó a hablarme de computadoras inmensas y edificios desproporcionadamente grandes para ello, y de ahí que viene a cuento la siguiente anécdota de mis años de la primaria:

En un lejano reino, mandaron a un caballero a enviar un mensaje al rey de otro territorio vecino. Antes de partir, el hombre notó que a su caballo le faltaba un clavo de una herradura; gracias a la premura y a la desidia, llegó el punto en el que el caballo, y por tanto el mensaje, ya no pudo llegar a su destino. ¿Resultado? El reino fue invadido por los enemigos y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Creo que no hace falta explicar lo que he querido expresar con este ejemplo.

En suma, creo que debemos tomar en consideración de que no podemos depender absolutamente de factores extrahumanos en nuestra vida diaria, sino que debemos ser conscientes del hecho de que somos responsables de que nuestra relación con la tecnología, así como con nuestro entorno diario, sea del maridaje más feliz posible. (De ahí mi discrepancia con tipos como Negroponte, que afirman que la dependencia total de la tecnología nos hará más felices) Así sea un clavo de una herradura, una orden de gorditas o un cálculo matemático para el desarrollo de un arma nuclear, la esencia es la misma. Los aciertos y errores son responsabilidad propia. Punto.

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