El grito, medios, Felipe y la cultura del snob (Ensalada de posts)

23 09 2007

A principios de año subí al blog un artículo intitulado “La sociedad del Boletazo”, donde externaba, palabras más, palabras menos, mi modesta opinión acerca de la transformación de nuestra sociedad en meros objetos de consumo, llevando incluso a la prostitución de nosotros mismos como personas, quizás no de manera carnal, pero sí interna. ¿Qué pasa si le agregamos a este caldo de cultivo el autoengaño de “querer ser”?

 Como más de uno, me tocó ser testigo la semana pasada del tierno intento de la clase gobernante de simular que los enconos entre dos clases opuestas y coexistentes en una Plaza de la Constitución han pasado a mejor vida; Si pudiera definir el 15 y 16 de septiembre, tendría un adjetivo: vomitivo.

 Vomitivo por el hecho de que se borró de un plumazo (al menos en nuestros “libertarios” medios de comunicación) a la izquierda y a la derecha, a los que reconocen al “legítimo” y al “constitucional”, a pobres, ricos, millonarios y paupérrimos, amarillos y azules, PERO para satisfacer el ego de un presidente que disfraza a sus hijos (o a él mismo) de militares o de una mujer que cree que las niñas deben ser tan abnegadas como Barbie. Vaya, si ya tuvimos una Foxilandia, ¿podemos hablar del nacimiento de Calderón City?

 Pero no es así. Los intentos, de la izquierda y de la derecha mencionadas líneas arriba no han sido suficientes para contrarrestar no sólo estas diferencias, sino la voracidad de otros libertarios de marras, que con una mano esgrimen la supuesta extinción de una libertad de expresión que nunca se ha hecho presente del todo, mientras que con la otra defienden a capa y espada el jugoso negocio de la mediocracia (política mediocre de los medios).Sin duda, resulta iluso y bochornoso creer que Patricia Chapoy (pi eich di), Sergio Sarmiento o López Dóriga aka la pantera rosa tengan la autoridad (que no la moralidad) para hablar de “libertad de expresión” cuando suele ser medida con diferente vara.

 ¿Qué tienen en común estos dos acontecimientos con el encabezado de este post? Irremediablemente, la consigna de los grupos de poder parece hacer pensar que el modelo idóneo del mexicano promedio es ser alguien bien portado y “políticamente correcto”, esto es, la simulación y la hipocresía en su máxima expresión. Es común observar a personas que siguen un modelo de conducta ya no por convicción, sino por mero interés. Se finge la apariencia física, el credo, la ascendencia, la condición económica, las convicciones políticas…

 Y la clase gobernante suele ser un reflejo de ello. Desde los tradicionales estereotipos de “fealdad” y mal gusto que gracias al dinero, suelen comprar belleza y cultura, respectivamente, hasta el creer en algo sólo porque está de moda o para seguir un argumento de autoridad, pasando por argumentos tan retrogradas como satanizar al “raro”, al intelectual, al de izquierda o al “diferente”. Creo que no hace falta más explicación al respecto.

 Por lo tanto, en Calderón City, parece que estamos gobernados por la cultura del snob.

Otro post más desde las costas de la Península Barataria.


Anuncios




¿Sentencia de muerte?

20 08 2007

 En fechas recientes, el mito de la democracia perfecta en México, la que era alabada por los cantores de las glorias de la revolución, está más débil que nunca. Quizás no en peligro de ser desterrada como una alternativa de gobierno, como sugeriría el título de este post, pero si bastante golpeada. El debate comienza a cobrar mayor vigencia: ¿los partidos políticos han muerto como alternativa de organización ciudadana y representación popular dentro de la cosa pública?

 Dos ejemplos contrastantes han dominado el panorama político-electoral a últimas fechas. El norte y el sur, el alfa y la omega, Baja California y Oaxaca. Mientras en un lado las alternativas electorales eran para el ciudadano de a pie como para taparse las narices a la hora de ir a votar, en otro lugar, a miles de kilómetros, simplemente, citando a Saramago, no murió nadie. Ni Ulises Ruiz, ni Calderón, ni la APPO, ni AMLO, ni otros tantos actores, pudieron alentar la participación electoral.

 Sin embargo lo más grave no fue el aparente triunfo de la apatía y el abstencionismo, sino el hecho de que las plataformas políticas parecen no satisfacer las demandas que una sociedad democrática exige, ante el maquiavelismo de unos y la genuflexión de otros. Lo mismo da si nos gobierna un Mesías (tropical o no) que un espécimen digno de Alicia en el país de las maravillas (no la de Lewis Carroll, sino la que escribió un Nóbel colombiano) o un excéntrico que gusta de los chalecos de pene de burro. Las propuestas, ideas, plataformas y acciones parecen haber pasado al basurero de las buenas costumbres para dar lugar a la calumnia, al “tú eres un peligro para México”, al tirar la piedra y esconder la mano, a la retórica simplona del conformismo político del “uno de tres”, tan en boga el año pasado.

 Quizás parezca que no he descubierto el hilo negro o inventado el agua tibia. Lo admito y sé que se han escrito ríos de tinta al respecto. Vienen unos y se van otros más, pero la problemática sigue, pero ¿quién es el verdadero culpable? ¿La ciudadanía? ¿Los partidos? ¿La clase gobernante? ¿Los medios? ¿La oposición? ¿Las instituciones? ¿El clero? ¿Los empresarios?; en lo personal, lo atribuyo a la falta de visión y honestidad de todos los actores mencionados anteriormente, desde el empleado de gobierno que hace sus negocios ilícitos “por debajo del agua” hasta el gobernante que en un ataque de ego reitera que él es el que manda, pero con una convicción digna de un hombre que ve una alcachofa, pasando por otros tantos que buscan en el río revuelto sacar su ganancia de pescadores: la cúpula eclesiástica que busca, irónicamente, expiar sus culpas divinas mediante complejas redes de complicidad, los empresarios que buscan pagar menos y ganar (y evadir) más, los delincuentes de cuello blanco y conciencia negra, los medios que nos venden el soma de que todo va de maravilla, los (ex)presidentes que siguen sangrando al erario amén a sus días de gloria, la derecha explotadora, la izquierda sumisa, el centro inexistente… et al.

 La democracia, señores, no basta con ir cada tres o cada seis años a las urnas y sacrificar tres minutos de nuestra existencia en marcar una papeleta con nombres y logotipos que en realidad no nos dicen nada. No es ir a solicitar un documento de identificación que solo le va a servir al joven promedio para las francachelas en el “antro” de su preferencia. Mucho menos es imponer en la ciudadanía, a costa de lo que sea, el dogma de que somos los más capaces en el municipio, el estado, el país o en la enésima galaxia; la democracia es, construir con hechos y congruencia, sobre todo mucha congruencia con nosotros mismos, un camino común y homogéneo para que el barco que llamamos México llegue a buen puerto. Como colofón, huelga mencionar que alguna vez leí que hace algunos años la portada de la revista Time rezaba la frase ¿Ha muerto Dios? Espero nunca ver, en alguna publicación, la misma pregunta, pero relativa a la democracia. 

Viva México y feliz primer aniversario de este guiñapo de bytes que suelo llamar blog.

Otro post más desde las costas de la Península Barataria.





70 o Tan cerca del fútbol y tan lejos de la ciencia

14 06 2007

Uno de los grandes problemas que ha enfrentado durante mucho tiempo el país ha sido la casi nula difusión que se le ha dado a la actividad científica y tecnológica, relegándose dicha difusión al ámbito especializado en la misma. La niña Carolina Aranda Cruz, de 10 años, hizo hincapié en esto en un discurso durante el Congreso Mexicano de Pediatría la semana pasada, cuyo punto medular da nombre a este post. ¿Realmente hay que sacrificar el raciocinio en aras de mantener un modelo económico y social inmerso en la enajenación del hombre de a pie? En el papel no debería ser así, pero los hechos muestran lo contrario.

 A pesar del cacareo constante de que somos un país en vías de desarrollo en los estadios político, económico y social a nivel mundial, México tiene un grave problema: no sabemos pensar. Y no me refiero a pensar como un mero acto fisiológico de poner a trabajar nuestro tálamo como hacemos cotidianamente, sino a impulsar este acto como un estilo de vida, que haga posible superar nuestros atavismos que tenemos como seres humanos, y derrotar los obstáculos que suelen nublarnos la vista en aras de un futuro mejor. Sin embargo, por naturaleza meramente humana, nos hemos acostumbrado a llevar en práctica la ley del menor esfuerzo y hemos dejado esta actividad en manos de “inadaptados sociales”.

 La cuestión es simple: ¿Qué es más atractivo para un niño (y una persona adulta, inclusive) promedio, leer líneas empalmadas entre sí o ver un libro o un programa de televisión donde el elemento preponderante son los colores y los dibujos? Se apuesta más por la forma que por el fondo, pues. Por ende, al hacer al ser humano excesivamente dependiente de quedarse sólo con la cáscara de la manzana (es decir, con una vaga idea sobre lo que pudiera ser el corazón de la misma), ¿Cuál es el resultado? Nos convertimos más susceptibles en recibir tanto información y conocimiento adecuado como ser cómplices involuntarios de las mayores banalidades.

 Preferimos, por decir algo, leer el TV Notas, el libro Vaquero o alguna otra obra del legado cultural del new age que conocer más sobre el entorno que nos rodea con fuentes reales y acreditadas, y tan alcance de la mano como Wikipedia o la biblioteca más cercana a nuestro domicilio. Nos regocijamos con melodramas sobre los problemas de los ricos sufridos por los pobres (como debe de ser la buena televisión mexicana), pero el ballet o la opera nos parecen dignos de afeminados o mariquitas. Le creemos más a Carlos Trejo o a la mano peluda que a los verdaderos científicos que ponen a México más en alto que una selección nacional que va a “la conquista de América” o una golfista inflada por la mercadotecnia propia de su deporte. Recurrimos constantemente al placebo mágico de la adivinación y la charlatanería barata, y decimos de las personas que practican el verdadero raciocinio que son unos “locos” e “inadaptados sociales”, sean matemáticos, científicos o filósofos. Un excelente artículo de Samuel Martínez, publicado en mediotiempo.com (irónicamente, página futbolera por antonomasia) también hace hincapié al respecto.

 El problema en sí, cabe destacar, no se trata a mi juicio de que se le de más ponderación en los grandes medios de comunicación al fútbol o a la ciencia en específico, sino que los gobiernos que han pasado por este México “tan cerca del fútbol y tan lejos de la ciencia”-citando de nuevo a Carolina- no se han preocupado de fomentar una cultura racional entre la población. Quizás un vago intento de ello fue el famoso “Alfabeto, pan y jabón” de José Vasconcelos en los años mozos de la Revolución Mexicana, o las capsulas de Cantinflas hablando sobre temas de ciencia más recientemente, pero ahora ni eso. Los dueños del capital económico y político se curan en salud regalando libros, bibliotecas chatarra o computadoras gracias a loas deportivas como puede ser anotar un gol o llegar primero en una caminata de 10 kilómetros, o poniendo frasecitas tan bienintencionadas como cursis en horario triple A, pero que para la gente promedio no significan más que un puñado de letras perdidas en medio del espectro electromagnético.

 UPDATE:

Recomiendo, además, la lectura del artículo de René Drucker en La Jornada sobre este mismo tema.

Otro post más desde las costas de la Península Barataria.





69 o Cuando no hay Dios

8 06 2007

No voy a hablar, como parece indicar el título de este post, sobre la existencia o no de un ente superior, puesto que sería tanto como tapar el sol con un dedo (además de la discusión ad infinitum al respecto) Simplemente es un hoax para subir las consultas en Google, Ja. Gracias por su atención.

-“Pobreza, obediencia y castidad,
Es necesario cumplir,
A no ser que seas papa o seas rey,
Obispo, o del Opus Dei”

-Mago de Oz, En nombre de Dios.

 En lo personal, como la mayoría de los mexicanos (un 90% para ser exactos), fui criado en un ambiente católico. Familiares, amigos y compañeros de escuela a lo largo de mi vida conocí que profesaban esta religión. Asimismo, tuve la oportunidad de estar dos años en un colegio administrado por religiosas; a partir de ahí, y gracias a mis inquietudes de adolescente, pude comprobar que lamentablemente no todo es miel sobre hojuelas en estos menesteres.

 Me explico: la religión en general vende la idea de que un personaje, llámese Cristo Jesús, Mahoma, Zaratustra, Buda o Juan Charrasqueado, nació, creció, vivió y murió por nosotros; así, a lo largo de su vida estos señores trazaron un ideario o un código de conducta que debemos de seguir para garantizarnos a nosotros mismos una existencia más llevadera, aunque sea después de estar tres metros bajo tierra en muchos casos. ¿Pero en realidad qué es lo que ocurre? Tienen que pasar tres o cuatro siglos de la muerte de estos señores para que su ideario llegue a institucionalizarse como religión, y posteriormente, como un dogma, por lo regular salido de la cabeza de algún clérigo estudioso o un villamelón al servicio del poder político en turno. Chorrocientos mil siglos más tarde, aparecen otros eruditos y elaboran versiones corregidas, aumentadas o disminuidas del dogma en cuestión, y así hasta el infinito (pregunte por el limbo al púlpito virtual más cercano a su casa, diría Monsivais).

 Dadas las circunstancias, no hallé más que comenzarme a preguntar: Ah, chirrión, ¿y cómo es que en los textos católicos (en este caso específico) se dice una cosa cuando en los hechos se proclama otra totalmente distinta? ¿Por qué si el catolicismo es la religión verdadera por consenso de la mayoría si hay cristianos, testigos de Jehová o musulmanes que siguen una línea ligeramente “desviada” del catolicismo y aun así son felices? ¿Por qué y como ocurre esto? Debo confesar, que en lo personal, esta y muchas incógnitas al respecto aún quedan sin resolver.

 Y ojo, estimado lector, la crítica no es hacia la idea de Dios (que es tan necesaria como certeza o como duda en el ser humano) sino en el como se ha manejado la idea del mismo como justificación de intereses que nada tienen que ver con el beneficio común de los creyentes. Y para muestra hay muchos botones: la Inquisición, la intolerancia religiosa, la matanza de los hugonotes en el siglo XVII, las intifadas contra la comunidad judía, la actitud timorata del Vaticano ante la pederastia, la homofobia o el empobrecimiento de las masas.

 Reitero, no estoy tratando de convencer a nadie que deje de creer ni propongo echar a priori en saco roto nuestra imagen de Dios. Simplemente creo que es nuestro deber, seamos creyentes o no, el ser más autocríticos respecto a las “verdades sagradas” que se nos imponen como norma de vida. Así como tenemos la certeza y la voluntad de señalar las bondades de pertenecer a una religión, partido político, club de fútbol o alguna otra instancia similar, también hay que tener el valor para decir cuando la máquina amenaza con descarrilarse.

 Ayer que fue día de Corpus Christi, millones de mexicanos salieron a las calles a festejar a Cristo, adoraron santísimos, se vistieron de santos, oyeron catatónicas misas, entre otros aspavientos propios de la fecha. Todo volvió a la normalidad, nos quitamos nuestra máscara de católicos y a seguir sin cuestionar nuestra tradición, voluntaria o no, de ser incongruente con nosotros mismos, como todos los días. Si a máscaras vamos, hay que ponernos una que no se cae ni con toda el agua de los mares: la del raciocinio.

 Update ególatra: 69 posts, y ya voy por las 2500 visitas. Arriba y adelante.

Otro post más desde las costas de la Península Barataria.





68 (o Tratado sobre las gorditas y la informática)

3 06 2007

Contrario a lo que pudiera parecer, esto no es un ensayo sobre como la computación puede hacernos bajar de peso. De manera inversa a lo explicado anteriormente en otro post, a veces el ser humano promedio tiende a fiarse demasiado de los avances tecnológicos, cayendo víctima de sucesos indeseables, a menudo causados por los mismos factores que están detrás de los que hacen uso de la tecnología: los originados por nosotros mismos. Sirva esto como ejemplo.

 En estos días de (casi) nula actividad bloguera, en una ocasión estaba comprando algunas cosas en una plaza comercial cuyo logotipo es algo así como una S estilizada, cuando mi instinto omnívoro me jugó una mala pasada: por falta de tiempo y exceso de hambre, recurrí a consumir algo de la fast food que suelen vender en estos tugurios, por lo que dirigí mi humanidad a un negocio de gorditas. Al momento de ordenar y hacerme entrega del respectivo ticket para reclamar mi pedido, pude darme cuenta que en el mismo decía: “Para comer aquí”, siendo que había pedido la orden para engullirla en el solitario voyeurismo de mi casa. Para fortuna de la franquicia de las Gorditas Doña Tota (¡damn! Publicidad involuntaria), me fue entregado en tiempo y forma, si es que puede llamársele así a diez minutos de espera y a un recipiente de plástico con cinco gorditas de ¿picadillo? dentro del mismo, mi respectiva orden, tal como la había solicitado: para llevar. El instinto humano de retención verbal había salvado el día.

 Tiempo después, recordé este incidente y me puse a pensar: Bueno, ¿y si el ser humano dependiera total y ciegamente de lo que dice una computadora? Muchas veces, nos asombramos tanto ante los avances tecnológicos que, voluntaria o involuntariamente, pero sobre todo de manera errónea, hacemos que nuestra vida dependa de ellos. No podemos vivir sin PCs de bolsillo, celulares, ipods, entre otras chácharas (aparatejos, parafraseando a mi jefe).

Muchas veces no nos detenemos a pensar, como usuarios comunes y corrientes de esta serie de innovaciones, que estos aparatos deben moldearse a nosotros como sus manipuladores y no a la inversa. El resultado correcto de una suma de 2+2 hecha en una hoja de papel estraza o el hecho de que cuadre el presupuesto asignado al estado de Baja California Sur durante todo un año en los reportes generados por una macrocomputadora, no es parte más que de la aplicación de procesos mentales que hacen que esto sea posible. Ahora bien, si trasladamos esta premisa a otros casos más complejos, estos mismos procesos hacen también posible que podamos escuchar la música de nuestros Ipods o ver los videos de Youtube en nuestra PC. Y voy más lejos, al afirmar que esta regla es válida para cualquier otro aspecto de nuestra vida diaria. Simple y sencillamente.

 Aunque suene como una verdad de Perogrullo, también cabe destacar que es la manera  como llevamos a cabo estos procesos la que determina si el resultado es el deseado o hemos cometido algún error, cuyas consecuencias pueden ir desde una reprimenda verbal por el cliente del puesto de gorditas hasta el fin de la humanidad (quizás suene como al efecto mariposa), pero para explicarlo pongo otro ejemplo: Anteayer platicaba con una persona de la sede nacional de INEGI, y se me ocurrió preguntarle como se procesaban los datos de los diferentes censos. Comenzó a hablarme de computadoras inmensas y edificios desproporcionadamente grandes para ello, y de ahí que viene a cuento la siguiente anécdota de mis años de la primaria:

En un lejano reino, mandaron a un caballero a enviar un mensaje al rey de otro territorio vecino. Antes de partir, el hombre notó que a su caballo le faltaba un clavo de una herradura; gracias a la premura y a la desidia, llegó el punto en el que el caballo, y por tanto el mensaje, ya no pudo llegar a su destino. ¿Resultado? El reino fue invadido por los enemigos y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Creo que no hace falta explicar lo que he querido expresar con este ejemplo.

En suma, creo que debemos tomar en consideración de que no podemos depender absolutamente de factores extrahumanos en nuestra vida diaria, sino que debemos ser conscientes del hecho de que somos responsables de que nuestra relación con la tecnología, así como con nuestro entorno diario, sea del maridaje más feliz posible. (De ahí mi discrepancia con tipos como Negroponte, que afirman que la dependencia total de la tecnología nos hará más felices) Así sea un clavo de una herradura, una orden de gorditas o un cálculo matemático para el desarrollo de un arma nuclear, la esencia es la misma. Los aciertos y errores son responsabilidad propia. Punto.

Otro post más desde las costas de la Península Barataria. 





Los panuchos tricolores

23 05 2007

Los recientes acontecimientos del domingo pasado en Yucatán han reflejado una realidad evidente en el panorama político nacional: parece que la época gloriosa de los partidos políticos está pasando a una mejor vida. Ahora se vota más por el hombre (o la mujer, en este caso) o el nombre que por las siglas o colores de una organización. ¿Es el momento de decirle adiós a la idea del “partido gobernante” o al ciudadano de a pie le da igual quien ejerza el poder?

Las escenas se repiten en diferentes tiempos: en 1988 Cuauhtémoc Cárdenas encabeza una alianza opositora al PRI, que finalmente sucumbe ante un supuesto fraude y la famosa “caída del sistema”. Once años después, un ex priísta (Leonel Cota, actual líder nacional del PRD) derrota al partido en el poder como candidato de un hasta entonces deslavado partido del sol azteca en Baja California Sur. ¿Qué tienen en común estos dos acontecimientos? Adivinaron: los hombres superaron a las siglas de una manera avasalladora.

 

Así, tenemos que en la política nacional han surgido héroes y villanos que cambiaron de partido político como una serpiente lo hace de piel: priístas que se pasaron al PRD, panistas que se hicieron tricolores, perredistas que se regresaron al PRI y hasta el PAN, “ecologistas” que hicieron pacto con los gordillistas de Nueva Alianza, et al. Hay quien lo atribuye a una necesidad lucrativa de “sobrevivir” políticamente hablando.

 

Ahora ya no se puede hablar de un partido apologista de la revolución sin su ala neoliberal, o de uno empresarial sin su parte clerical o extremo derechista, ¡vaya! Hasta hay políticos de “izquierda” que apuestan por el pragmatismo de la libre empresa. ¿Resultado? Esta falta de seriedad, aunada a los golpes bajos y al deseo del poder por el poder ahuyenta de forma considerable al ciudadano de la formación y posterior mejora de la cosa pública. (República= res publica, si mi oxidado latín de preparatoria no me es infiel)

 

Otra consecuencia, y considero que es la peor de todas, es que el ciudadano tiende a medir con igual rasero a los representantes populares, independientemente de las siglas que “representan”, y por ende vota (el que llega a hacerlo) por el “menos peor” o el que más beneficios le traerá en un futuro pintado por el optimismo de la torta y el chesco, la despensa, la lamina de cartón negro o la foto con el ungido por la voluntad popular.

 

Señores, la democracia en México TODAVÍA ES DE JUGUETE. Se demostró en Yucatán el domingo pasado. Y todavía quedan Michoacán, Baja California, las elecciones intermedias en Baja California Sur el próximo año, las federales de 2009 y hasta 2012, entre otros tantos botones hipotéticos de muestra que pueden traer graves consecuencias en un futuro no muy lejano, lamentablemente. Y un sistema democrático que se niega a hacer bien las cosas y rectificar cuando hay que hacerlo (Ejem: la negativa de ratificar la victoria de Calderón en las urnas mediante un conteo voto por voto o el castigo tardío por excesivos gastos de campaña por parte del IFE), de manera inexorable, llevará a la res publica a una lamentable crisis de identidad.

A otra cosa mariposa: Hugo Chávez y la importancia de lavar la ropa sucia en casa

Un tema que se ha intentado poner de moda en los medios masivos de comunicación es la decisión del gobierno de Venezuela de cerrar la estación televisiva RCTV, alegando motivos políticos para ello. Como una curiosa coincidencia, en México se quiso comparar este acontecimiento con la censura ejercida por el gobierno en los años 70 contra medios y periodistas opositores al régimen, en el marco de la discusión en la SCJN sobre la posible inconstitucionalidad de la Ley de Radio y Televisión aka Ley Televisa (he ahí la misteriosa “coincidencia”).

 

En lo personal, no estoy a favor ni en contra de este intento de “censura” por parte de Hugo Chávez (citando a Juan Carlos Bujanda, creo en el hecho de tener un punto intermedio de decir simplemente no lo sé), pero es preocupante ver como los medios siguen desgarrándose las vestiduras por situaciones como ésta en aras de defender un interés de mercado.

 

¿Libertad de expresión? ¡Por favor! Se desgañitan por el cierre de una televisora a miles de kilómetros de distancia mientras en México mueren casi tantos periodistas como en Irak, y a algunos hasta los regañan por el hecho de cuestionar al régimen (cito como ejemplo a José Gutiérrez Vivó y su affaire con Presidencia) ¡Ah! Pero no vaya a salir un magistrado con ideas comunistas como las de Fidel, Evo o Chávez que nos quiera quitar nuestro privilegio de seguir chupando de la ubre del espectro televisivo y de hacer millones gracias al rating. Amén.

 

La ropa sucia primero lávenla en casa, carajo.

Otro post más desde las costas de la Península Barataria.





Chespirito y la retórica

19 04 2007

Ayer, caminando por las instalaciones de la UABCS, me encontré con que hay entre algunos grupos de estudiantes una atención particular sobre la ley sobre la despenalización del aborto que está por aprobarse en el Distrito Federal, si es que no ocurre otra cosa. Lo que me llamó particularmente la atención es que TODAS las mantas tenían el slogan que promociona el (¿ex?) cómico Roberto Gómez Bolaños aka Chespirito en la televisión: “Abortemos la ley, no la vida”. ¿Tan limitada está la creatividad de los estudiantes y potenciales ciudadanos de a pie para defender una postura que tienen que basarse en un cliché para ello?

Independientemente de los argumentos del personaje de marras en contra del aborto (al final de cuentas es tan válida la opinión de Chespirito como la mía o la del incurable católico de la esquina), cabe preguntarse: ¿qué es lo que hace que una opinión, de cualquier naturaleza, sea válida o no ante los ojos de las masas? Primero que nada, pensará usted, amigo lector, que dicha opinión esté bien fundamentada en base a evidencias, pero pasa algo más: influye también quien la expresa. A esa situación en retórica se le llama “Argumento de autoridad”.

 El argumento de autoridad se trata de, palabras más palabras menos, afirmar que una postura es cierta o debe ser defendible sólo por que es expresada por alguien que tiene un cierto grado de reconocimiento social. En realidad, poner a Chespirito a defender una postura ideológica con bases endebles (que no viene al caso abundar en este post) es tan absurdo como comprar una marca de pan por el hecho de que la consume Cuauhtemoc Blanco o embadurnarse de una crema de baba de caracol, porque es la misma que se embarra Niurka antes de acostarse.

 Citando a Wikipedia, este argumento (también conocido como magíster dixit), a pesar de su evidente grado de imprecisión, ya que constituye una falacia por sí mismo, estuvo muy en boga precisamente en la época de mayor oscurantismo de la historia, donde todo el conocimiento humano se regía por el capricho y voluntad de la jerarquía católica de la historia (y por una que otra papisa) Con el paso del tiempo, y los avances de la ciencia y la técnica, poco a poco muchos de estos dogmas fueron cayendo.

 Hoy en día, quizás la iglesia católica ya no tenga tanto control como en antaño, pero el ser humano sigue rodeado de atavismos que le impiden su plena realización y libertad, y si nos vamos más lejos, son hasta peores. Si podemos creer que los fantasmas o los ovnis existen, gracias a la influencia de nuevos gurus y charlatanes de TV, o que en un país donde han muerto casi 700 personas por la violencia del narco no pasa nada (las señoras pobres no mueren violadas por el ejército, mueren por gastritis crónica), con mayor razón podemos creer que la mujer únicamente debe limitarse a cumplir un papel reproductivo, y por ende, morir por un legrado mal hecho o por problemas en el parto no causa mayor problema. Al cabo que ella se lo busco, y por sacrificar una vida inocente, merece irse al infierno con todos sus diablos, dicen las arpías de siempre que no tienen la menor calidad moral para darse baños de pureza.

A otra cosa mariposa: Virginia y la manzana podrida del dólar

 No voy a comentar sobre la culpabilidad del estudiante surcoreano que asesinó a 32 estudiantes el lunes pasado en una universidad de Virginia, ni sobre el dolor que debe estar pesando sobre los familiares y amigos de los fallecidos, como morbosamente se ha venido haciendo en los distintos medios de comunicación. A mi juicio, creo que éste lamentable acontecimiento refleja en gran forma la decadencia imperante en una sociedad donde se han hecho objetos de culto a empresarios gandallas o a herederas zafias que no ven más allá de sus millones.

 Y todo por el ansia voraz de acumular miles y miles y miles de billetes verdes, aun a costa de desangrar voluntades, conciencias y naciones. Viva el capitalismo salvaje que paga más a novias ocasionales que a la misma Condolezza Rice. En mi opinión, creo que hay que replantear seriamente las doctrinas económicas y sociales que nos rigen en el mundo globalizado. A ver quien es el guapo que le entra.

 Fuente:

http://es.wikipedia.org/wiki/Magister_dixit

http://es.wikipedia.org/wiki/Argumento_de_autoridad

 AL CIERRE DE ESTA EDICION (Update especial):

Me acaban de avisar que ya tengo trabajo. A ver que sale.

Otro post más desde las costas de la Península Barataria.