Feliz no cumpleaños (seis y seis=24)

13 09 2007

Podrá sonar como una ironía- pensé justo cuando eran las seis de la mañana de mi día de no-cumpleaños número veinte y cuatro- pero el día en que debería estar más satisfecho que nunca sería, sin duda, un día como otros. Como el martes de oficina, el jueves de tráfico o el viernes de vodevil.

 Pero no, justamente es mi no-cumpleaños, 24 horas que se antojan como de alimento para el ego, de mañanitas, de regalos, homenajes hipócritas e insulsos en mi honor (¡ja!), tanto del que alguna vez me dio una palmada en la espalda como del que clavó un viperino puñal sobre ella. Cosas del género humano. Han pasado apenas doce horas y el Gólgota de la traición se ha encarnado en casi todos los primates que se hacen llamar mis amigos.

 El veinte y cuatro, número casi tan perfecto como el pi o algún otro divertimento matemático de esta especie. 24 horas tiene el día, 24 horas vivimos, pensamos, creemos, matamos células y a nosotros mismos (lentamente), alimentamos nuestra propia ataraxia y a nosotros mismos, consumimos nuestra vida y a nosotros mismos; 24 salvas de cañón, 24 expectativas, 24 oportunidades. Han sonado dieciocho disparos al aire y sí, todo sigue igual de inmutable que siempre. Si tuviera un brazo sobre el que llorar, quizás no sea el tuyo, amigo mío.

 Hora 23. Y por aquí sigue sin pasar nada. El doce de septiembre de mi no-cumpleaños número veint

 Otro post más desde las costas de la Península Barataria.

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