¿Sentencia de muerte?

20 08 2007

 En fechas recientes, el mito de la democracia perfecta en México, la que era alabada por los cantores de las glorias de la revolución, está más débil que nunca. Quizás no en peligro de ser desterrada como una alternativa de gobierno, como sugeriría el título de este post, pero si bastante golpeada. El debate comienza a cobrar mayor vigencia: ¿los partidos políticos han muerto como alternativa de organización ciudadana y representación popular dentro de la cosa pública?

 Dos ejemplos contrastantes han dominado el panorama político-electoral a últimas fechas. El norte y el sur, el alfa y la omega, Baja California y Oaxaca. Mientras en un lado las alternativas electorales eran para el ciudadano de a pie como para taparse las narices a la hora de ir a votar, en otro lugar, a miles de kilómetros, simplemente, citando a Saramago, no murió nadie. Ni Ulises Ruiz, ni Calderón, ni la APPO, ni AMLO, ni otros tantos actores, pudieron alentar la participación electoral.

 Sin embargo lo más grave no fue el aparente triunfo de la apatía y el abstencionismo, sino el hecho de que las plataformas políticas parecen no satisfacer las demandas que una sociedad democrática exige, ante el maquiavelismo de unos y la genuflexión de otros. Lo mismo da si nos gobierna un Mesías (tropical o no) que un espécimen digno de Alicia en el país de las maravillas (no la de Lewis Carroll, sino la que escribió un Nóbel colombiano) o un excéntrico que gusta de los chalecos de pene de burro. Las propuestas, ideas, plataformas y acciones parecen haber pasado al basurero de las buenas costumbres para dar lugar a la calumnia, al “tú eres un peligro para México”, al tirar la piedra y esconder la mano, a la retórica simplona del conformismo político del “uno de tres”, tan en boga el año pasado.

 Quizás parezca que no he descubierto el hilo negro o inventado el agua tibia. Lo admito y sé que se han escrito ríos de tinta al respecto. Vienen unos y se van otros más, pero la problemática sigue, pero ¿quién es el verdadero culpable? ¿La ciudadanía? ¿Los partidos? ¿La clase gobernante? ¿Los medios? ¿La oposición? ¿Las instituciones? ¿El clero? ¿Los empresarios?; en lo personal, lo atribuyo a la falta de visión y honestidad de todos los actores mencionados anteriormente, desde el empleado de gobierno que hace sus negocios ilícitos “por debajo del agua” hasta el gobernante que en un ataque de ego reitera que él es el que manda, pero con una convicción digna de un hombre que ve una alcachofa, pasando por otros tantos que buscan en el río revuelto sacar su ganancia de pescadores: la cúpula eclesiástica que busca, irónicamente, expiar sus culpas divinas mediante complejas redes de complicidad, los empresarios que buscan pagar menos y ganar (y evadir) más, los delincuentes de cuello blanco y conciencia negra, los medios que nos venden el soma de que todo va de maravilla, los (ex)presidentes que siguen sangrando al erario amén a sus días de gloria, la derecha explotadora, la izquierda sumisa, el centro inexistente… et al.

 La democracia, señores, no basta con ir cada tres o cada seis años a las urnas y sacrificar tres minutos de nuestra existencia en marcar una papeleta con nombres y logotipos que en realidad no nos dicen nada. No es ir a solicitar un documento de identificación que solo le va a servir al joven promedio para las francachelas en el “antro” de su preferencia. Mucho menos es imponer en la ciudadanía, a costa de lo que sea, el dogma de que somos los más capaces en el municipio, el estado, el país o en la enésima galaxia; la democracia es, construir con hechos y congruencia, sobre todo mucha congruencia con nosotros mismos, un camino común y homogéneo para que el barco que llamamos México llegue a buen puerto. Como colofón, huelga mencionar que alguna vez leí que hace algunos años la portada de la revista Time rezaba la frase ¿Ha muerto Dios? Espero nunca ver, en alguna publicación, la misma pregunta, pero relativa a la democracia. 

Viva México y feliz primer aniversario de este guiñapo de bytes que suelo llamar blog.

Otro post más desde las costas de la Península Barataria.

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